miércoles, 1 de diciembre de 2010

Ectosimbiosis (38)


Te arranqué el amor que quise.

Es tan sencillo notar a una bestia voraz en medio un campo de inocuas ovejas y tan difícil de juzgarla cuando perece desahuciada en medio del bosque de lo inmutable.

¿Qué querrás hacer, alma mía, para enterrar tu virtud en la oscuridad? Tu virtud que es mi maldición; ¿quién tendrá un filo tan poderoso como para dejarte mutilar ese hilo de éter y carne que me une a tu existencia?

Me cosí a la piel las aves que hacían tu vida ávida de falsas canciones de felicidad. Manché mi piel de bálsamos impuros para que no la desearas más. Las anchas alas de las cenizas de tus palabras son el insoportable espectro de tu soledad.

Me querrás matar después, ángel apenado, yo no lo puedo permitir; te despojo de tus armas y es por esto que lo que más me dolerá decirte es que hasta en mis sueños te he amputado las alas.

"El trigono de las lesiones" de Cristina Francov
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