martes, 13 de noviembre de 2007

La ciudad del futuro (4)


Mientras decidimos si es mejor intentar optimizar nuestras viejas ciudades (ver la ciudad machacada de Alberto Campo Baeza) o crear otras nuevas (ver el Proyecto Venus, la Ciudad del Cielo 1000 o la Torre Biónica), una parte importante de la discusión sobre la movilidad urbana y su relación con la sostenibilidad se ha limitado a un debate estéril entre los partidarios del transporte público y los defensores del automóvil privado.

Los entusiastas del transporte público señalan la eficacia de las redes de transporte público de alta capacidad, pero a menudo olvidan mencionar que habitualmente no ofrecen una solución al problema de los “últimos 500 metros”. Te llevan aproximadamente adonde quieres ir, aproximadamente cuando quieres llegar, pero casi nunca exactamente.

Los defensores del automóvil privado hacen hincapié en que proporciona movilidad libre; no hay horarios para usarlo y te lleva directamente a tu destino. A la gente realmente le gustan sus coches no sólo por su comodidad y por la eliminación de los “últimos 500 metros”, sino también porque funcionan como poderosos símbolos de libertad personal. Sin embargo, cuando hay una red de carreteras extensa, con pocos vehículos circulando, es rápido y fácil moverse por ella, pero cuando la red está congestionada por el tráfico, los colapsos y los retrasos empiezan a negar las ventajas del automóvil. Además, los automóviles son responsables de una gran parte del consumo de energía de las ciudades, generando problemas económicos y geopolíticos a corto plazo y una importante amenaza a la sostenibilidad a largo plazo. Por último, las emisiones de los tubos de escape acaban produciendo no sólo contaminación local, sino que también contribuyen al calentamiento global.

En el Media Laboratory del Instituto Tecnológico de Massachusetts, con el patrocinio de General Motors, han desarrollado una tercera opción: un coche urbano denominado City Car, limpio, compacto y eficiente desde el punto de vista energético, con niveles muy altos de movilidad personal a bajo coste y que complementa eficazmente los sistemas de transporte público, solucionando, entre otros, el problema de los “últimos 500 metros”.

Los City Car disponen de ruedas robots omnidireccionales, con un motor eléctrico, suspensión, dirección y freno, y funcionan por el accionamiento eléctrico de controles, con sólo un cable eléctrico y un cable de datos de entrada, y una sencilla conexión mecánica a presión con el chasis.

Aunque los City Car pueden funcionar bien como vehículos privados, proporcionan grandes beneficios de sostenibilidad si se integran en un sistema de movilidad para toda la ciudad de forma coordinada y compartida. Sólo habría que pasar la tarjeta de crédito, sacar el vehículo del punto de aparcamiento y devolverlo en otro punto en el destino final, donde aguardaría plegado y apilado con otros, al igual que ocurre con los carritos de supermercado o los de equipaje en el aeropuerto, hasta que otro usuario lo necesite.

Puesto que sólo viajan de un punto a otro sin recorrer largas distancias, no necesitan una gran autonomía bastando una pequeña batería que se recarga de forma automática en el punto de aparcamiento.

Resumen de la lección inaugural del curso 2007-2008 de la Universitat Oberta de Catalunya de William J. Mitchell titulada “Ciudades inteligentes”. UOC Papers. N.º 5.

Ver un gráfico sobre el funcionamiento del City Car en The Boston Globe
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