jueves, 30 de agosto de 2007

Una cuestión de perfil profesional


Martin Gayford, crítico de arte británico de la Universidad de Cambridge, cuenta que en la década de los 80, el artista alemán Joseph Beuys había instalado una obra en su oficina en la Academia de Arte de Dusseldorf, realizada con grasa aplicada sobre la parte superior de una pared. Cuando el dueño de la obra fue a retirar su propiedad en 1986, después de la muerte del artista, descubrió los restos de la misma en una papelera. Los directivos de la academia le explicaron que el portero “no reconoció la obra de Beuys como un objeto artístico”.

En Alemania ha habido otros sucesos similares. Al igual que en el caso de Beuys, una escultura del artista Michael Beutler acabó incinerada después de que el servicio de limpieza de Francfort la confundiera con simples desperdicios y, recientemente, una obra de la artista Lotty Rosenfeld fue destruida por unos empleados de los servicios de limpieza de Kassel, que acoge la Documenta 12, que no se dieron cuenta de que era una obra de arte.

En Londres, igualmente en varias ocasiones han tenido lugar situaciones parecidas. Una empleada de limpieza de la Tate Gallery tiró una obra de arte moderno de Gustav Metzger al confundirla con una bolsa de basura. Un empleado de limpieza de una galería de arte arrojó a la basura parte de una instalación de Damien Hirst, al no percatarse de que se trataba de una obra de arte. Una obra de Anish Kapoor fue destruida en una planta de procesamiento de desperdicios después de que unos empleados de una empresa de almacenamiento de obras de arte la colocaran en un contenedor mientras realizaban trabajos de construcción. Un mural realizado por Banksy cerca de la antigua estación de la capital británica, fue borrada por los empleados de limpieza de los transportes. En este último caso, un responsable de la empresa de limpieza explicó a la prensa que lamentablemente sus equipos están compuestos por limpiadores profesionales y no por críticos de arte.

La solución más inmediata para tratar de evitar estas complicaciones es que los puestos de trabajo de los servicios de limpieza y empleados de almacenamiento y porteros de museos y galerías de arte, se cubran con especialistas en arte contemporáneo y críticos de arte. Y a ser posible, que no sean alemanes ni londinenses.

En la foto, la obra de Andreas Slominski, Sense títol, 1994. Col·lecció d'Art Contemporani Fundació "la Caixa", Barcelona.

Andreas Slominski es un artista conceptual alemán que lleva reinterpretando el concepto de trampa más de quince años. Este artista, que diseña sus propias trampas funcionales para todo tipo de animales (zorros, martas, pájaros, insectos) ha encontrado una metáfora perfecta del arte: la trampa como el arte seduce y engaña. Hermética y humorística, su obra arrastra al espectador a meditar acerca de los límites del absurdo y, desde ahí, a contemplar los límites del arte. http://www.guggenheim-bilbao.es/caste/exposiciones/permanente/temporales/corrientes.htm
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