martes, 17 de julio de 2007

La puerta tapiada (primera parte)



Tenía urgentemente que verle. Solo tenía que recorrer la acera y girar a la derecha para llegar a su casa. Pero cada vez que salía empezaba la tortura. Hace tiempo que cruzar el umbral de la puerta le producía una intensa ansiedad. Caminar los escasos metros que les separaban se había convertido en una tarea titánica. Por eso cuando penosamente volvió a casa, después de no encontrarle en la suya, tras esperarle largo rato en la calle, sintió un pánico incontrolable y la convicción de que iba a morir allí mismo al descubrir que la puerta estaba tapiada.

Tenía urgentemente que verle. Solo tenía que recorrer la acera y girar a la derecha para llegar a su casa. Pero la sola idea de entrar en su estrecho portal le producía una intensa ansiedad. Cruzar el zaguán, subir por la angosta escalera y permanecer frente a su puerta esperando que abriera se había convertido en una tarea titánica. Por eso cuando penosamente bajó las escaleras después de no encontrarle en casa, tras esperarle largo rato arriba, sintió un pánico incontrolable y la convicción de que iba a morir allí mismo al descubrir que la puerta estaba tapiada.

A ambos lados de la puerta tapiada, la sensación de falta de aire les ahogaba. Empezaron a respirar a bocanadas y de forma arrítmica y acabaron sufriendo espasmos incontrolables por todo el cuerpo justo antes de perder la consciencia.

Continuará...
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